El mundo de los libros digitales (1) - Seleccionando el dispositivo


Todos los apasionados de la lectura hemos tenido siempre tres problemas comunes: el espacio para almacenar los libros, el peso para llevarlos con nosotros y, en alguna etapa de la vida, seguro que el precio para comprarlos. De tenerlos todos derechitos de pie en la estantería para localizarlos fácilmente pasábamos a tumbarlos uno encima de otro para ganar espacio, o tocaba poner más estanterías o ponerlos en cualquier espacio disponible; para viajar terminabas tomando decisiones no siempre fáciles sobre qué libros te acompañarían y cuáles se quedarían fuera de la mochila; y el precio era muchas veces ese enemigo que te obligaba a retrasar ese ansiado encuentro con otra historia, con otras explicaciones, con otros mundos por explorar que te esperaban en esas páginas de papel.

Un cuarto problema, no exclusivo de los libros, sino inherente a los productos que no son digitales es que los libros no son replicables indefinidamente. Si prestas un libro de papel, dejas de tenerlo y tienes que esperar su devolución para poder volver a tenerlo. O lo tienes tú o lo tengo yo, pero el libro es el que es y no lo podemos tener los dos al mismo tiempo. Podemos fotocopiarlo, pero eso ya no es el libro, son fotocopias del libro.

Hoy en día, afortunadamente, la tecnología llegó para solucionar considerablemente esos problemas. Entran en escena los e-readers o lectores de libros electrónicos. Son unos dispositivos que tienen una características pensadas exclusivamente para leer libros: muy ligeros de tamaño para llevarlos a cualquier parte, una pantalla similar al tamaño de un libro de bolsillo que permite lectura perfecta incluso bajo el sol y una batería que dura semanas. El ordenador, las tablets e incluso los teléfonos móviles también leen libros digitales, pero no reúnen esas características. Además, los libros digitales para estos dispositivos son mucho más baratos que su equivalente en tapa blanda.

En el mundo digital, aunque les cueste mucho aceptarlo a las editoriales, discográficas y productoras de cine, ya no rige el concepto de objeto único que tienes tú o que tengo yo, pero no los dos al mismo tiempo. De ahí que sigan empeñándose en aferrarse a un modelo de negocio obsoleto que ya no tiene sentido y presionen a los gobiernos para que se aprueben leyes que nos limitan la libertad que nos ofrecen las nuevas tecnologías. Sería más fácil que aprendieran de iTunes o Spotify otros modelos de negocio de éxito y adaptados a los nuevos tiempos, pero es más fácil prohibir al usuario usar el tractor para seguir vendiendo arados. En el mundo de los libros digitales también intentan coartar nuestra libertad, pero veremos formas de evitarlo.  

En esta serie de posts voy a explicar la selección del dispositivo, cómo conseguir los libros, cómo introducirlos en el dispositivo, cómo cambiar los formatos y vencer las limitaciones a nuestra libertad que nos vamos a encontrar. No es un proceso complicado, solo hay que tener algunas ideas claras. 

1) Comprar el lector de libros digitales

Buscando en las comparativas de las revistas de tecnología, los principales lectores de libros digitales hoy en día son la familia Kindle , la familia kobo y el Nook de la librería Barnes and Nobles (este no tiene familia). Tras evaluar los  pros y contras que menciono más abajo, yo me incliné por el modelo básico del Kindle, el lector que vende la empresa Amazon, y una funda NuPro que compré aparte (el kindle viene sin funda). La apariencia es esta:

Kindle con su funda y una tarjeta de referencia para apreciar su tamaño.


Kindle cerrado en su funda.

 Las razones para escoger este Kindle son:
  • A la hora de devolver un producto, en Amazon tiende a prevalecer el dicho "el cliente siempre tiene razón". Es una maravilla lo fácil que te aceptan la devolución de cualquier cosa sin pedir mayores explicaciones, incluso cuando yo creo que no deberían porque fue culpa del cliente. Cuando compras tecnología, es importante asegurarse de que puedas devolverla sin problemas si algo no va bien.
  • El aparatito en sí pesa 190 gramos (un poco más con la funda) y entra en un bolsillos de abrigo, con un tamaño similar a un libro de bolsillo, así que es muy cómodo para llevar a dónde quieras. Tiene 4GB de memoria (si hablamos de almacenar películas sería muy poco, pero en e-books, hablamos de miles de libros). Tiene una excelente definición de pantalla, una batería que dura semanas y es el más barato de todos los lectores: 80 euros (sin comprar aparte el enchufe para conectarlo a la red, pues con conectarlo por usb al ordenador, ya lo puedes cargar, así que no hace falta).
  • Tiene wifi, igual que los otros modelos, lo cual para mí es un punto negativo, no positivo, pero se puede desactivar en las opciones de configuración. En 2009, Amazon borró remotamente dos libros a varios usuarios tras darse cuenta de que no tenían licencia para venderlos. Así que no me apetece que puedan entrar en mi kindle y saber qué tengo y si les gusta o no su presencia allí. Quitando wifi no pierdes absolutamente nada porque se pueden meter o sacar libros al kindle desde el ordenador mediante el cable USB que trae. Lo que sí ganas es privacidad y seguridad de que nadie tocará tus libros remotamente ni actualizará a su gusto el sistema operativo cuando lo crean conveniente.
  • No tiene luz, como el modelo Kindle Paperwhite, que cuesta 50 euros más. Pero yo toda la vida leí libros con luz, sea del sol, de una lámpara o de la luz que siempre hay en el tren, avión o autocar, así que esa luz incorporada no me soluciona ninguna necesidad previa.  
  • Es táctil, así que se pasa de página con un ligero toque, o bien arrastrando como si fuera una página de papel. La navegación entre los libros y una vez dentro del libro, es sencilla y rápidamente se acostumbra uno a su uso.
    • Los libros de Amazon, igual que los de FNAC y tantos otras otras librerías digitales, suelen venir con DRM (Digital Rights Management), lo cual quiere decir que los libros que compras solo los puedes leer en TU kindle o en TU ordenador si instalas "Kindle para PC/Mac" de Amazon o el programa de Adobe Digital Editions y vinculas estos programas a TU cuenta donde los hayas comprado. Es un sistema común de represión de los usuarios para impedir que la cultura se pueda difundir libremente. Aunque hayas comprado un libro, pretenden impedirte que se lo pases a un amigo (como harías con uno en papel) o que lo leas fuera de los dispositivos que ellos digan. Eso es un problema importante, pero tras investigar una posible solución, la encontré, así que eso dejó de ser un inconveniente.  
    • Amazon usa en sus libros formatos propietarios, con DRM o sin él, en vez del formato abierto epub. Eso supone problemas a la hora de editar un libro, por ejemplo. Pero hay una forma muy sencilla de gestionar todo el tema de formatos, así que eso dejó de ser un problema también. 
      • Yo uso Ubuntu. El mundo (fabricantes y desarrolladores) aún está orientado para las masas de Windows y la minoría de Apple. Parece que se da por hecho que si usas Linux tienes que buscarte la vida. Afortunadamente, en todo el tema del software de los libros electrónicos, todo se puede hacer funcionar en Linux eficazmente.
      Si no puedes comprar un lector de libros digitales, también puedes leer los libros digitales en el ordenador. No es tan ideal, pero es mejor que quedarse fuera del mundo de la lectura digital. En próximos posts iremos viendo cómo funciona el proceso y las muchas ventajas que tienen los libros en formato digital.
       
      Si tenéis alguna duda o algo que aportar, no dudéis en comentar :-) 

      Otra lengua a punto de desaparecer en México


      A menudo los reclamos de los pueblos indígenas tienden a tener como punto central la restitución de tierras. Es muy comprensible y también claramente fundamental tener tu territorio, porque sin un título de propiedad, cualquier multinacional, terrateniente o político local podría echarlos de sus ancestrales territorios, a los que tienen un vinculación que puede llegar a ser milenaria.

      Sin embargo, hay un elemento tan fundamental o más que la tierra para la supervivencia de una cultura, que constituye la misma esencia de la cosmovisión de un pueblo: la lengua. Este es un elemento que codifica toda la realidad, la forma de pensar y ver el mundo. La lengua es el límite del pensamiento. La forma en que nos expresamos refleja la forma en la que pensamos, la forma en que nos relacionamos con los demás y con el mundo. Lo que no podemos nombrar en la nueva lengua impuesta, deja de existir: sensaciones, sentimientos, entidades espirituales, etc.. Si no tienen traducción, terminan perdiéndose, normalmente para siempre. Los pueblos que pierden la lengua rápidamente adaptan las formas de comunicación (no solo verbales) de la cultura de la lengua impuesta y ese proceso de colonización es el más potente, de ahí que las lenguas de los pueblos indígenas, aún hoy en día, en muy pocos lugares tienen un espacio en el mundo oficial, en el Gobierno, en los medios de comunicación. En el mejor de los casos, se hacen guiños en forma de declaraciones que suena bien o en actividades sin transcendencia real, pues es muy peligroso para el colonizador cuando la lengua del colonizado gana hablantes y se hace fuerte, porque junto con la lengua va la cultura y cuando la cultura choca de frente en valores y objetivos con la del capitalismo occidental, entonces es peligrosa. Eso explica por qué los avances en este campo son prácticamente nulos en los hecho o meramente anecdóticos. 

      Otra lengua a punto de morir en México

      Salió en estos días una noticia de la Agencia EFE (lo cual quiere decir que salió el mismo texto en montones de diarios de todo el mundo) haciendo publicidad gratuita y sensacionalista sobre un documental financiado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) para Jóvenes Creadores (México) sobre los últimos dos hablantes de una lengua indígena en México, Manuel Segovia (75) e Isidro Velázquez (69).

      Manuel Segovia, uno de los dos últimos hablantes de Nuumte Oote (México). Foto por Jaime Ávalos.


      Al leer la noticia, me llamaron la atención varias cosas:

      1) El sensacionalista y engañoso título del artículo: "El Zoque-Ayapaneco vivirá en un documental cuando mueran sus dos hablantes". Cualquiera pensaría que la lengua se va a salvar gracias al documental resultado de una beca para jóvenes que están empezando. Digamos "Un documental contará la historia de los dos últimos hablantes" o algo así, no hace falta confundir a la gente con la capacidad de recuperación lingüística de un documental aislado.

      2) Sigues leyendo y casi te conmueves por la gran hazaña de la joven cineasta de 28 años que lo dirigirá: "Para mantener registrado en video lo que podrían ser los últimos suspiros de la lengua indígena, la cineasta mexicana Denisse Quintero decidió grabar un documental." Aunque luego se desinfle un poco la tremenda cruzada y termine diciendo, en el mismo artículo, "que no pueden esperar mucho, especialmente por la edad de los dos hablantes y la permanencia de sus recuerdos".

      Y como una cineasta neófita va a entrevistar a los últimos hablantes (en su lecho de muerte, imagino, por eso de los "últimos suspiros"), y quizás pedirles que hablen algo en su lengua y subtitularlo, la lengua vivirá por siempre... Para qué van a mencionar al antropólogo lingüista de la Universidad de Indiana, Daniel Suslak, quien trabajó con los dos hablantes documentando sus palabras para hacer un diccionario, que es lo que permitirá que la lengua no desaparezca para siempre.

      Un documental sirve para difundir, para dar a conocer, para crear conciencia, para movilizar.. (siempre que esté subido a Internet con acceso libre y gratuito, si no, se perderá en los archivos de los festivales donde se haya presentado y caerá en el olvido antes de ser siquiera conocido por la sociedad). Pero un documental, en sí mismo, no "documenta" una lengua, aunque se use misma palabra. La documentación de una lengua es un proceso mucho más lento y complejo. 

      3) Si vas a hacer un documental para recordar la memoria de una lengua que se extingue (además de estos dos hablantes, solo tiene dos hablantes pasivos, el hijo y esposa de uno de los señores, que no podrán transmitir la lengua), estaría bien que se hiciera desde el respeto a esa cultura, que no llama a su lengua "Zoque-Ayapaneco". Ese es un nombre impuesto por el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas de México, que no le debió gustar el nombre con el que los hablantes siempre conocieron su lengua: Nuumte Oote, que significa "La voz verdadera". Pero como está financiado desde el Gobierno que impuso el nombre, imagino que tampoco pueden salirse mucho del camino...

      Reflexiones al respecto

      Más allá de la frivolidad científica y el sensacionalismo con que se trata el tema, hay lecciones interesantes de esta situación. 

      1) Pueblo indígena unido o pueblo indígena a los libros de Historia

      Esos dos últimos hablantes que se mencionan no tienen trato entre ellos (no lo menciona en el artículo, pero ya se publicó el año pasado): "Ambos viven en la pequeña comunidad de Ayapan y, aunque sus casas están separadas tan sólo por 500 metros, no mantienen relación alguna desde hace años por un desencuentro del que se desconoce el origen" (Ver noticia completa). Es muy humano llevarse mal con otros, formar grupos enfrentados, etc. Sin embargo, la experiencia demuestra que los pueblos indígenas pagan muy caro esta falta de unidad: con su desaparición como pueblo, nada más y nada menos. Teniendo en cuenta que los pueblos indígenas americanos están colonizados y su voz es minoritaria en el nuevo sistema político y económico (normalmente incluso cuando son mayoría en número), la división interna es un precio que no se pueden permitir pagar si quieren sobrevivir como pueblo.

      2) Cuando llegan las carreteras, llega la extinción

      Hay un párrafo de cuando se comentó la situación de esta lengua el año pasado muy interesante por la relación entre extinción y carreteras: "Según información proporcionada por el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), Segovia [uno de los dos últimos hablantes] les explicó en su momento que a mediados del siglo XX todavía quedaban casi ocho mil familias ayapanecas, y que a partir de la construcción de la carretera Villahermosa-Comacalco comenzó la migración de estos pobladores y, con ello, la paulatina extinción de su lengua."

      En Chaco, la zona donde más trabajo con los pueblos indígenas, esto se percibe muy bien. El Pueblo Qom, que ocupa un amplio territorio, según vamos al sur, hacia la capital, en la zona de Colonia Aborigen, la lengua está en un estado muy débil. Sin embargo, en la zona más al norte (más lejos de la capital, hacia el Impenetrable), en Castelli, la lengua mantiene muy buena vitalidad. Respecto al Pueblo Wichí, en el corazón del Impenetrable, puede decirse que la práctica totalidad lo hablan y su comunicación en español muestra que esta lengua no tiene mucho uso entre ellos. Yo siempre les digo que en cuanto esos 285 kms de tierra y polvo sean de asfalto (y lo serán en algún momento), cuando el Impenetrable haya dejado de ser tan impenetrable, más vale que ya se hayan organizado y hecho fuertes o tocará prepararse a ser un recuerdo cultural como tantos otros pueblos indígenas que ya solo mantienen el nombre y el discurso. Es curioso que el Sr. Segovia recuerde la construcción de la carretera como el elemento que inició la extinción de su lengua... 

      3) Diccionarios, documentales...hechos y gestionados por blancos sobre el indígena

      Todas las medidas para documentar la lengua y difundirla son hechas desde el mundo del blanco. La propiedad intelectual de ese diccionario no será de los hablantes ni de sus familias y lo mismo con el documental. Podría decirse que tampoco todos los blancos saben hacer un diccionario o un documental, pero la diferencia es que hablamos de una relación desigual entre colonizador y colonizado, que implica una desigualdad económica y social muy obvia donde uno no tiene el acceso a las opciones que el sistema le presta al otro. Lo ideal sería que el indígena deje de ser únicamente un objeto de estudio (como animales o plantas) y pueda gestionar su patrimonio cultural y lingüístico participando más activamente en las decisiones que se toman al respecto, con el asesoramiento que sea necesario, pero siendo protagonista no solo de los estudios y documentales, sino también de las decisiones que se tomen sobre ellos.

      Gran pérdida para el Pueblo Mapuche

      10-5-2011

      El futuro de los pueblos indígenas radica en encontrar ese balance entre el respeto y mantenimiento de las tradiciones ancestrales y la adaptación y apertura a los nuevos tiempos modernos. Quedarse anclado en el pasado implicar convertirse en un anacronismo y olvidarse del pasado supone perder la identidad y las raíces. Es esa difícil combinación entre pasado, presente y futuro lo que puede hacer que los pueblos indígenas tengan la oportunidad de seguir vivos y ocupar un lugar en la sociedad actual. Este raro balance es el que había conseguido Irene Hueche, de la Comunidad Juan Antonio Hueche, en Palihue, Padre las Casas, cerca de la capital de la Araucanía, en Chile. 

      Así la describían en www.mapuche.info en 2001:
      Hace más de 30 años, Irene Hueche, destacada líder mapuche del sector Palihue de Padre Las Casas, organizó a su comunidad en el desarrollo de huertos familiares y tejidos como un modo de resolver sus problemas de subsistencia. Años más tarde promovió la organización Ñimin Rayén en la que hoy participan más de cien mujeres, siempre pensando en el mejoramiento de la calidad de vida de su gente y en el rescate de sus valores culturales. Es pionera en la experiencia de etnoturismo en la región. En más de alguna oportunidad Irene Hueche ha dicho que "las mujeres mapuches tenemos un papel importante que jugar en la recuperación de nuestras costumbres y tradiciones, en la trasmisión de nuestra cosmovisión, pero no sólo por nuestro pueblo sino también en beneficio de toda la sociedad porque los no mapuches también necesitan reencontrarse con la madre tierra, con la naturaleza".
      Yo la conocí en el año 2007, cuando participé en un congreso en Buenos Aires y estuve el resto del mes viajando por Argentina y Chile entrevistándome con mucha gente relacionada con el mundo indígena. Recuerdo que la conocí casi por casualidad, cuando hablaba con mi ahora amiga Eliana, entonces Directora de Educación y Cultura de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, sobre lo importante que consideraba iniciativas comerciales como el etnoturismo para la recuperación de las culturas amenazadas. Ella me dijo que eso lo hacía Irene Hueche y amablemente llamó por teléfono a la hija de Irene, Elisa, quien se encontraba en la ciudad, a ver si podía venir a buscarme a la oficina de la CONADI para llevarme a conocer a Irene. Elisa vino y, tras tomar un bus, nos bajamos 20 kilómetros después y caminamos otros dos hasta llegar a su casa.

      En el mundo indígena hay descendientes de indígenas que redescubren su indigenismo en algún momento y buscan convertirse en los indígenas más auténticos y representativos de todos. Sus discursos evidencian inmediatamente la falta de lo fundamental. Luego están indígenas como Irene Hueche, donde solo hace falta escucharles unos momentos para descubrir la auténtica sabiduría ancestral de los pueblos que vivían en armonía con la tierra. Son personas humildes, que no buscan protagonismo ni conflicto, personas generosas y honestas, que cuentan las cosas como son, sin discursos grandilocuentes ni rencor hacia nadie. Una de las pocas hablantes nativas de mapuzugún que conocí, que hacía hilo de la lana de oveja con el huso, que teñía los tejidos con productos naturales, que te hablaba con naturalidad y sin ánimo de impresionar sobre el mundo mapuche y su forma de ver la vida, de sus proyectos empresariales y pioneros de etnoturismo. Ese día me invitó a comer y pasé toda la tarde charlando con ella al lado de su ruka bajo el sol, en el bonito paisaje donde está su comunidad. Volví a Temuco entusiasmado con haberla conocido y con todo lo que había aprendido del mundo indígena a través de sus palabras, de su forma de decirlas, de su actitud y de todo lo que no se dice pero se puede percibir.

      Este vídeo, grabado por la gente de Araucanía Sin Fronteras en marzo del año pasado, muestra a Irene explicando su proyecto empresarial.


      Cuando volví este verano a Chile, tres años después, fui a visitarla a su casa. Me dijeron que estaba en el hospital y, al día siguiente, fui allí en la mañana. Me costó reconocerla tumbada en la cama. Había perdido peso y ganado más años de los que tres que habían pasado. Tardó un momento en reconocerme y rápidamente sonrió al recordar mi visita tres años atrás. No era necesario ser médico para ver que algo tenía algo serio, pero sí era necesario ser médico para poder ayudarla. Desgraciadamente, los médicos, tras tenerla un tiempo en observación, no encontraron la causa de sus problemas y la mandaron a casa. 

      Ayer a las 14:00 horas, Irene Hueche fallecía. Se fue una mujer que luchó por su proyecto hasta el final, sin perder nunca la ilusión, demostrando su  sangre mapuche guerrera e inconquistable. Una mujer que, con su voz calmada, sus ideas visionarias y su gran iniciativa, supo conciliar pasado y futuro, el mundo mapuche y el mundo winka. Una gran pérdida para su familia, para el Pueblo Mapuche y para todos los que tuvimos ocasión de conocerla.

      La burbuja artificial de la escuela frente al mundo real

      10-1-2011

      Hace unos días, escribía comentando la importancia de que la escuela tuviera una relación más directa con la sociedad y el entorno para preparar a los ciudadanos de forma realista, útil y que resulte motivadora para los estudiantes. Hace unos días me encontré con un artículo donde es evidente justo la idea contraria: las escuelas deben "proteger" de todo contacto con el exterior a los estudiantes para evitar todo posible riesgo. Muy práctico y útil [sic]

      El contexto es un artículo en ReadWriteWeb donde Audrey Watters comenta que Google Apps ahora ofrece a los administradores la posibilidad de bloquear el email de los estudiantes para que solo puedan enviar emails a gente de su propia escuela o incluso de su propia clase (??!!)
      One of the concerns that I heard most often expressed centered around students' access to and usage of email - concerns about safety, privacy, and acceptable use. Will students mis-use email? Do parents approve of giving students accounts? At what age should a child get an email account?
      Puesto que el email es un medio de comunicación, vamos a hacer la pregunta con otro medio pero el mismo fin: "¿Usarán los estudiantes mal el teléfono móvil? ¿Aprueba los padres que se les dé un móvil a los estudiantes? ¿A qué edad debería un niño tener un móvil?" Obviamente, cuando hablamos de un móvil, la respuesta es que lo tienen desde edades ridículamente tempranas y nadie parece tener ningún problema. 

      Pero si vamos más allá, puesto que hablamos de medios de comunicación y riesgos en su uso, pensemos en la palabra. ¿Usarán los estudiantes mal sus palabras si hablan con la gente por sí mismos? ¿Aprueban los padres el hecho de que los niños tengan oportunidad de hablar con la gente solos? ¿A qué edad debería un niño comunicarse con las personas sin supervisión de un adulto? 

      Intentar limitar la comunicación a través de un medio de comunicación concreto es algo ridículo, porque los riesgos de privacidad y seguridad no son inherentes al email. Un niño puede ser engañado por teléfono, por carta, en persona o por cualquier otro medio de comunicación. La clave no es evitar que se comunique, sino que aprenda los riesgos de la comunicación, las medidas de seguridad que tiene que tomar y así se prepare para la vida real, que es de lo que se trata. 

      El artículo cita la opinión al respecto de Laurie Tranmer, la responsable de la gestión del email en las escuelas públicas del condado de Prince George:
      "We are confident that this will help protect our children from inappropriate communications and [we are] excited about new class activities and collaboration that email will bring. Not all kids are comfortable speaking up in class and this gives many of them another avenue to approach their teachers"
      Este es el tipo de actitud que criticaba en mi artículo anterior. "Esperamos que esto ayude a proteger a nuestros niños de comunicaciones inapropiadas"?? La función de la escuela no es proteger a los niños del mal que hay "ahí fuera". La escuela debe preparar a los niños para no ser víctimas de ese mal, que es muy distinto, aunque también cumple la protección, presente y futura. El hecho de encerrarlos en la "seguridad" de la escuela no les ayudará en nada cuando estén fuera de ella y tengan que enfrentarse a todo por sí mismos. Así que una herramienta tan potente como el email va a servir solo para comunicarse con sus profesores, no sea que lo usen para enviar un email a un amigo, o para pedir información a alguna parte, o para mandar un email a su primo... ¡¡Que el Cielo nos proteja de tales usos!! 

      Podemos suprimir las escuelas de las ciudades, donde hay tantos peligros (coches que te pueden atropellar, gente que te puede atracar, macetas en los balcones de los edificios que te pueden caer en la cabeza, palomas que te pueden ensuciar y cuántos riesgos más...) y crear escuelas rurales alejadas de núcleos de población, sin cobertura de móviles (no sea que reciban llamadas "inapropiadas"), sin conexión a Internet (no sea que reciban información "inapropiada"), con uniforme estricto (no sea que la envidia enturbie sus pulcras mentes). Eliminamos del currículum cualquier referencia al sexo (no sea que les convierta en unos pervertidos), a otras religiones (no sea que les corrompan el alma) o a otras culturas (no sea que pierdan las sanas tradiciones de siempre)... Una escuela protegida de cualquier ataque, como en esta ilustración de Balt-arts.

      Y la pregunta es ¿qué hará el niño cuando salga de ese "santuario" de "protección, virtud y pureza"? ¿Cómo reaccionará a todos los nuevos estímulos que fueron eliminados sistemáticamente? ¿Quién le aconsejará cómo afrontarlos? Eso sí creo que es el auténtico fracaso escolar, el no formar ciudadanos preparados para enfrentarse a los dragones de la sociedad del s. XXI.